Misiones de las FFAA en el exterior: engaño superior

Por fin un partido, tenía que ser VOX, claro, ha puesto también sobre la mesa y a debate otro de esos “intocables” que durante decenios nos vienen colando a los españoles como si de maravilla se tratara, cuando son todo lo contrario. Nos referimos a las misiones en el exterior de nuestras FFAA, de las cuales tanto se ufanan no sólo nuestros decadentes y corruptos políticos de toda condición, sino también nuestros militares; por cierto tan decadentes y ¿corruptos? como aquellos.

Ofrecemos a nuestros lectores un interesante análisis sobre la realidad de dichas misiones, realizado en Diciembre de 2017 por persona de toda solvencia; que a pesar del tiempo conserva toda su vitalidad y plenitud. En su día se publicó en cinco partes, bien que preferimos ofrecerles para descargar en PDF el trabajo completo a fin de respetar su unidad y coherencia.

Sobre el particular mucho más se podría decir de lo que en él se dice, pero baste para impulsar el debate; por ello, este trabajo es sólo un apunte, una primera inmersión en ese entramado artificial, pleno de intereses creados y mentiras que son nuestras misiones en el exterior.

Como resumen les adelantmos las demoledoras conclusiones del análisis:

“España está presente en la actualidad en cuatro misiones bilaterales en el Golfo de Guinea, Mauritania, Senegal y Túnez; tres bajo bandera de la ONU en Líbano, Colombia y República Centroafricana; seis bajo bandera de la Unión Europea en el Océano Índico, Somalia, Malí, Senegal, el Mediterráneo y la República Centroafricana; y siete con bandera de la OTAN en Afganistán, el Báltico, Turquía, Irak, dos en varias zonas –Sea Guardian y Grupos Navales Permanentes de la OTAN– y Letonia. El número de efectivos desplegados ronda los 3.000, más toda una serie de medios materiales.

Según datos oficiales de Defensa, bien que no muy concretos, desde 1994, en que se llevó a cabo la primera de las misiones, hasta el 2010, España gastó unos 6.400 millones de euros en ellas; o sea unos 400 millones anuales; la cifra es así, global, porque no existía desglose –reconocido por el propio ministerio–, lo que da que pensar que las cuentas no se llevaban con la debida pulcritud. Desde 2011 a 2014, el coste ya se desglosó en tres apartados: gastos de inversión y mantenimiento (1.714 millones desde entonces), bienes y servicios (1.022 millones), y personal (416 millones). Así pues, España desembolsó en dichos cuatro años más de 3.150 millones para sufragar estos contingentes. En 2015 España gastó 1.003,75 millones y en 2016 el gasto fue de 771,11 millones de euros.

Pues bien, de las misiones que hemos dicho que hay activas en la actualidad, según nuestra opinión basada en los parámetros que dejamos sentados en nuestro primer artículo, y tras analizar las veinte misiones activas, de las cuatro bilaterales creemos justificadas sólo dos, de las tres con la ONU ninguna, de las seis con la UE a lo sumo, y con ciertas condiciones, una sola, y de las siete con la OTAN sólo cuatro, de ellas dos con efectivos muy reducidos y las otras dos obligadas por ser rutinarias de tal organización. Es decir, que de las veinte únicamente siete. Y eso tras un análisis sucinto, lógicamente, pero que creemos realista y pensando siempre en España, en nuestros intereses, en nuestras posibilidades y en nuestra situación actual, no en cobrar dietas o en potenciar carreras.

Pero es que además hay que tener en cuenta algo que todos, los primeros nuestros militares, olvidan… voluntariamente, claro, porque si lo recordaran tendrían que adoptar posturas que ni por asomo quieren.

Y es que estamos ante una terrible paradoja: mientras nuestras FFAA se aplican a solucionar problemas de otros, en absoluto les interesan los propios. Mientras van por esos mundos sacando pecho, aquí no se atreven ni a ir de uniforme por la calle. Mientras nos muestran fotografías en las que niños y mayores con indumentarias exóticas les sonríen y vitorean, aquí hay regiones de España, de nuestra patria, de las que les han echado con cajas destempladas y ellos… se han ido; mientras que nos muestran sus armas y sus ejercicios de tiro, de Barcelona les levantaron el stand en la última feria sin que pelearán ni medio minuto; mientras que vemos sus desfiles en las desérticas praderas afganas, en muchas ciudades españolas no sale a desfilar ni un pelotón de guripas; mientras les vemos… aquí ni se les ve.

La principal misión, por no decir la única, de nuestra FFAA es la defensa de la soberanía, independencia e integridad territorial de España, de la nación, de la patria y basta echar un vistazo a las noticias para darnos cuenta de que no la cumplen. Contemplan desde el Líbano, Colombia o Letonia la desintegración de España como si con ellos no fuera la cosa, como si no tuvieran responsabilidad, como si en nada les fuera, como si se tratara de Marte. Se ufanan de estar presentes en cinco continentes, pero no lo están en su propia casa. Con el truco de la profesionalización, de la desaparición de la “mili”, se han convertido en fuerzas mercenarias. Admitiendo lo anterior, han privado a los nuevas generaciones de españoles de aprender en cuarteles y buques a conocer y amar a España, de tener conciencia de que puede que algún día la tuvieran que defender hasta con la vida, de saber que lo que les dicen muchos es mentira porque España es una y somos todos. Con tal traición, se han convertido en un guetto, en un árbol sin raíces, en unos extraños. Llegará un día en que cuando regresen de una de sus estancias en el extranjero no tendrán dónde aterrizar porque ya no existirá España y los reyezuelos de los múltiples mini-estados en que se haya desintegrado no les darán permiso. Van de valientes y no lo son; de generosos y son unos egoístas. Lo sentimos, pero esa, y no otra, es nuestra conclusión.”

AQUÍ PARA DESCARGAR EL TRABAJO COMPLETO EN PDF

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